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"Soy Culpable"

Pedro Cabrera

Coach y escritor

 

Hay una frase que marcó mi vida: “Solo en medio de la actividad vivirás 100 años”. No sé quién la dijo, mucho menos dónde la leí, pero se marcó con fuego en mi cerebro. Seguramente cuando se publique este artículo ya habré cumplido 64 años en este apasionante planeta, y me confieso culpable de muchas cosas. Entre ellas, de haber abandonado conscientemente un excelente cargo y carrera creativa en una prestigiosa empresa multinacional de publicidad, para comenzar a dar los primeros pasos como consultor independiente. Dicho de otra forma soy culpable de emprender contra viento y marea (léase consejos de clientes, familiares, colegas y amigos). Obviamente, en aquellos años nadie hablaba de startup, que según la definición más simple es una empresa de nueva creación que gracias a su modelo de negocio escalable y al uso de las nuevas tecnologías tiene grandes posibilidades de crecimiento.

Soy culpable de emprender una pequeña empresa de consultoría que podría haber escalado a niveles de otra dimensión si hubiera sabido delegar y elegir mejor talento humano, como citaba Steve Jobs, gente que sepa más que uno. Pero mi ignorancia y terquedad me jugaron malas pasadas cuya factura significó trabajar más que los demás, pagar sueldos del personal antes que pagar el mío, postergar momentos familiares imposibles de recuperar y desarrollar una ansiedad de superación agobiante en un mundo que en aquellas épocas adolecía de información profesional. Me convertí en un “lobo solitario”, tal como hasta hoy me llaman colegas y clientes. Soy culpable de emprender sin saber emprender. De saltar a la piscina -desde el trampolín más alto- y en pleno vuelo notar que no existía el agua suficiente para mi amerizaje.

Soy culpable de reemplazar las nuevas tecnologías con puro corazón e ingenio. Tuve cerca a empleados geniales (ellos eran la tecnología del momento), que reemplazaban con brillantes ideas nuestra incapacidad financiera de adquirir el equipamiento de audio/video ideal para producir publicidad como en el resto del mundo. Junto a muchos de los mencionados fuimos culpables de ganar premios internacionales a la creatividad y efectividad comunicacional en nombre de Bolivia. Éramos una tropa loca de emprendedores atrevidos, cada uno en su rubro, porque reitero suplíamos la tecnología con pura neurona.

También soy culpable, quizás demasiado, de alentar a miles de emprendedores. A decirles que ya era hora de dejar su empleo “fijo, estable, bien remunerado” para crear su propia empresa. Muchos me hicieron caso. Otros no se atrevieron a dar el paso en su momento y hoy -lamentablemente- son desempleados o ingresaron a una muerte mental, de las peores, llamada “Zona de Confort”.

 Finalmente, soy culpable de seguir emprendiendo a esta experimentada y madura edad. Esta vez, a la par de los nuevos tiempos, con una startup creadora de juegos para móviles. Tres jóvenes socios bolivianos renovaron mis ganas de emprender. Fueron y son una inyección de adrenalina en mi vida empresarial. Me enseñaron a delegar -aunque aún me cuesta- y a beneficiarme de un horizonte multimillonario de negocios que desconocía: El de los gamers. Esta “renovación de sangre” me llevó nuevamente a investigar, viajar, invertir, pasar noches sin dormir, equivocarme y acertar, y lo más lindo, reconocer que nunca existió un momento “tan a la medida” para convertirse en emprendedor. Resulta sorprendente la ayuda que hoy existe -paga y no- para quien desea emprender y/o crear una startup. Definitivamente, internet facilita todo, por ejemplo encontrar proveedores muy experimentados y de bajo costo (depende la economía del país donde viven), conseguir asesoramiento contable y legal especializado, intercambiar ideas con otros emprendedores, establecer alianzas estratégicas y hallar socios de negocios. Sin embargo, el gran beneficio de este mundo sin fronteras es “pensar acá y ejecutar allá”. Ya no más pensar negocios “in situ” o entre cuatro paredes. Hoy podemos ser emprendedores globales desde la sala de nuestra casa o una pequeña oficina en un cowork.

Solo basta cruzar el charco mental del poder o no poder. Del lo hago ahora o lo dejo para más adelante. Del qué pasa si me equivoco y qué hago si resulta más grande de lo que pienso. De eso también soy culpable. De haber tenido miedo en determinadas ocasiones. Con los años aprendí que si uno deja salir todos sus miedos, tendrá más espacio para vivir todos sus sueños. Al fin y al cabo de eso se trata emprender, una decisión donde las grandes ideas tienen pequeños comienzos. Anímate.

Pedro Cabrera

Consultor Senior de Marketing y Comunicación

Capacitador de empresas y Speaker internacional

Coach y escritor

www.consultaleapedro.com

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