
SOFÍA: 50 años transformando una empresa familiar en una de las grandes historias de éxito de Bolivia

Lo que comenzó en Santa Cruz de la Sierra como un emprendimiento avícola familiar se convirtió en una compañía con más de 500 productos, una cadena productiva integrada y miles de empleos vinculados a su operación. Fundada por Mario Anglarill Salvatierra y Maida Serrate Arredondo, Sofía celebra cinco décadas de crecimiento, innovación y confianza, consolidando una historia empresarial que forma parte del desarrollo de la industria alimentaria boliviana.
Hay marcas que acompañan la vida cotidiana de las personas hasta convertirse en parte de sus recuerdos. Sofía es una de ellas. Su presencia en las mesas bolivianas conecta generaciones y representa una historia que comenzó con una iniciativa familiar, creció con visión empresarial y se transformó en una operación industrial de gran alcance.
En 2026, la compañía celebra 50 años de trayectoria. Cinco décadas en las que pasó de dedicarse a la producción avícola a desarrollar un portafolio diversificado de alimentos, ampliar su infraestructura, fortalecer sus procesos e integrar diferentes etapas de su cadena productiva.
Detrás de esta evolución existe una historia de decisiones estratégicas, trabajo constante y continuidad familiar. Una historia que demuestra cómo una empresa puede crecer sin desprenderse de aquello que le dio origen: el compromiso de construir algo duradero.
1976: el sueño que nació en Santa Cruz
El 27 de septiembre de 1976, Mario Anglarill Salvatierra y su esposa, Maida Serrate Arredondo, iniciaron un proyecto empresarial que marcaría el comienzo de una nueva etapa en sus vidas. Su apuesta fue la avicultura, una actividad que requería conocimiento técnico, dedicación y capacidad para responder a las necesidades de un mercado en desarrollo.
La empresa nació con una estructura muy diferente de la que posee actualmente. No contaba con el amplio portafolio, la infraestructura industrial ni la red de distribución que hoy caracterizan a la marca. Su principal activo era la determinación de sus fundadores de construir una compañía con futuro.
Incluso su nombre guarda una historia personal. Sofía fue elegido en homenaje a la madre de Mario Anglarill, incorporando desde el inicio un vínculo familiar que, con el paso del tiempo, se convertiría en parte de la identidad de la empresa.
Los primeros años estuvieron dedicados a desarrollar la operación, adquirir experiencia y comprender las oportunidades de la producción avícola. Cada avance representaba un paso hacia una visión más ambiciosa: dejar de ser un negocio de escala limitada para convertirse en una empresa capaz de crecer y abastecer a un mercado cada vez más amplio.
1983: la decisión que cambió el rumbo
En la historia de las empresas que logran trascender, existen decisiones que modifican su trayectoria. Para Sofía, una de ellas llegó en 1983, cuando sus fundadores apostaron por avanzar hacia la reproducción de pollos.
La compañía ya trabajaba con huevos fértiles destinados a la producción de pollos de engorde. Desarrollar nuevas capacidades en esta etapa permitió ampliar su participación en la cadena productiva y sentar las bases de un modelo empresarial más integrado.
Esta decisión fue determinante para su evolución. En lugar de limitarse a una actividad específica, Sofía comenzó a construir capacidades que le permitirían coordinar progresivamente distintas fases de su operación.
La integración se convertiría en una de las claves de su crecimiento: producir, procesar, distribuir y comercializar bajo una estrategia que conectara las diferentes etapas del negocio.


De una empresa familiar a una operación nacional
El crecimiento de Sofía fue acompañado por una transformación organizacional. En 1986, la empresa inició su expansión hacia el mercado nacional y, en 1988, formalizó su estructura como sociedad de responsabilidad limitada.
Estos pasos marcaron una nueva etapa. La expansión geográfica exigía fortalecer la capacidad productiva, mejorar la organización interna y desarrollar una estructura comercial que permitiera llegar a más consumidores.
Durante los años siguientes, la compañía avanzó en la industrialización y diversificación de sus operaciones. La incorporación de tecnología, el desarrollo de procesos y la adopción de estándares de calidad e inocuidad alimentaria acompañaron su evolución.
El desafío dejó de ser únicamente producir más. También consistía en hacerlo con procesos consistentes, responder a las exigencias del mercado y construir una marca capaz de mantener la confianza de los consumidores.
Así, Sofía fue ampliando su alcance hasta convertirse en una empresa con presencia en diferentes segmentos de la industria alimentaria.
La integración productiva como ventaja empresarial
Uno de los elementos que explica la evolución de Sofía es la construcción de una cadena productiva que conecta distintas actividades, desde la producción pecuaria hasta la elaboración y distribución de alimentos.
Con el tiempo, la compañía incorporó nuevas capacidades industriales, entre ellas la producción de alimento balanceado, el procesamiento de productos cárnicos y congelados, y el desarrollo de otras categorías vinculadas con la alimentación.
Esta evolución permitió diversificar sus fuentes de actividad y responder a diferentes necesidades del consumidor.
Actualmente, Sofía cuenta con un portafolio de más de 500 productos, distribuidos en diversas categorías y líneas. Su operación comprende actividades avícolas y porcinas, plantas de procesamiento, fábricas de alimentos, centros de distribución y tiendas propias.
La diversificación no solo amplió la oferta comercial. También consolidó un modelo de negocio en el que distintas unidades productivas se relacionan entre sí y contribuyen a sostener la operación.
Calidad e innovación: crecer con una visión de largo plazo
A medida que aumentó su escala, la calidad se convirtió en un componente esencial de la gestión empresarial. La compañía incorporó sistemas de gestión y estándares de inocuidad orientados a fortalecer sus procesos y garantizar condiciones consistentes en la elaboración de alimentos.
En una industria que exige controles rigurosos, la capacidad de mantener estándares a lo largo de la cadena productiva es fundamental para proteger al consumidor y sostener la reputación de una marca.
A esta evolución se sumaron inversiones en infraestructura, tecnología y desarrollo de productos, acompañadas por la diversificación de los canales de comercialización.
La innovación, en este contexto, no se limita a lanzar nuevas presentaciones. También implica revisar procesos, mejorar la eficiencia y adaptar la operación a las transformaciones del mercado.
La trayectoria de Sofía refleja precisamente ese proceso: una empresa que amplió su actividad sin abandonar la necesidad de mejorar continuamente su capacidad productiva.
El valor de una empresa que genera empleo y oportunidades
El crecimiento de una compañía industrial trasciende sus instalaciones. A su alrededor se desarrolla una red de trabajadores, proveedores, transportistas, distribuidores y comercios que participan en diferentes etapas de su actividad.
Sofía reporta más de 3.000 empleos directos y más de 30.000 indirectos, cifras que ilustran la dimensión de su relación con la economía y con las personas que forman parte de su cadena productiva.
Este alcance también pone de relieve el papel de las empresas nacionales en el desarrollo industrial de Bolivia. La inversión productiva genera capacidades, impulsa actividades complementarias y contribuye a crear oportunidades para diferentes sectores.
En cinco décadas, Sofía ha construido una operación que involucra mucho más que la fabricación de alimentos: conecta producción, industria, logística y comercio en torno a una marca reconocida por los consumidores.
El relevo generacional: el desafío de trascender
Para una empresa familiar, crecer es solo una parte del reto. La otra consiste en garantizar que el proyecto pueda continuar más allá de quienes lo fundaron.
En Sofía, la participación de la siguiente generación de la familia Anglarill Serrate forma parte de esa continuidad. La incorporación de sus hijos a diferentes áreas del negocio permitió que conocieran la operación y asumieran responsabilidades dentro de la organización.
Actualmente, Julio Enrique Anglarill Serrate ocupa la Gerencia General, dentro de una estructura directiva que comprende distintas áreas estratégicas.
La transición generacional representa un capítulo importante de la historia de la compañía. Mantener una empresa durante décadas requiere combinar el legado de sus fundadores con nuevas capacidades de gestión, una lectura permanente del mercado y una visión preparada para los desafíos futuros.
El objetivo ya no es únicamente preservar lo construido, sino conseguir que la empresa continúe evolucionando.

2026: 50 años de historia, una celebración para Bolivia
El aniversario de oro encuentra a Sofía con una trayectoria consolidada y una marca que forma parte de la vida cotidiana de numerosas familias bolivianas.
Como parte de las celebraciones, durante EXPOCRUZ 2026 la compañía presentó “La Casa de Sofía”, una experiencia inspirada en una vivienda tradicional cruceña que combina recursos audiovisuales, música, actuación y animación para recorrer recuerdos asociados a tres generaciones de una familia.
La propuesta convierte la celebración en un encuentro entre la historia empresarial y la memoria de los consumidores. La casa representa un espacio donde se comparten comidas, se celebran acontecimientos y se construyen recuerdos; precisamente, algunos de los momentos con los que una marca de alimentos puede establecer una conexión duradera.
La programación conmemorativa incluyó una serenata dedicada a Santa Cruz y una celebración especial el 27 de septiembre, fecha en que la compañía cumple oficialmente medio siglo desde su fundación.
Más que recordar el pasado, el aniversario ofrece una oportunidad para reconocer a las personas que hicieron posible esta trayectoria: los fundadores, las generaciones que continuaron el proyecto, los colaboradores, los proveedores, los distribuidores y los consumidores que incorporaron la marca a su vida cotidiana.
Cinco décadas después, el legado continúa
La historia de Sofía demuestra que el crecimiento empresarial es un proceso construido a lo largo del tiempo. Comienza con una visión, pero necesita decisiones oportunas, inversión, capacidad de adaptación y personas comprometidas para convertirse en una organización que trascienda generaciones.
Desde aquel emprendimiento avícola iniciado en Santa Cruz en 1976 hasta la compañía diversificada que hoy opera en la industria alimentaria, Sofía ha recorrido un camino marcado por la integración productiva, la expansión comercial y la evolución de su portafolio.
Su aniversario número 50 también invita a mirar hacia adelante. Los cambios en los hábitos de consumo, la tecnología, la sostenibilidad y las exigencias de los mercados seguirán planteando nuevos desafíos para la industria.
Para Sofía, el siguiente capítulo consistirá en continuar desarrollando sus capacidades, innovar y mantener la confianza que ha acompañado a la marca durante cinco décadas.
De un sueño familiar a una empresa que forma parte de la industria alimentaria boliviana, Sofía celebra 50 años demostrando que una historia de éxito no se construye únicamente con crecimiento, sino con la capacidad de evolucionar, generar oportunidades y permanecer en la vida de las personas.
Porque después de medio siglo, el legado de Sofía no está solamente en los productos que llegan a los hogares, sino también en la empresa que sus fundadores imaginaron, las generaciones que la hicieron crecer y el futuro que todavía queda por construir.


