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Ruth Delgado: Una visión desde FAN para impulsar la conservación, el desarrollo y nuevas oportunidades desde la biodiversidad

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Desde la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN), la bióloga y M.Sc. en Desarrollo Sostenible impulsa cadenas de valor que conectan conservación, conocimiento, producción y mercados. Una mirada que demuestra que proteger los bosques también puede significar generar oportunidades económicas y mejorar la relación de las personas con su territorio.

Cuando el bienestar se mira desde el territorio

Hablar de bienestar suele llevar la conversación hacia la salud, la alimentación o la calidad de vida. Sin embargo, existe una dimensión menos visible que sostiene a todas las anteriores: la naturaleza. Los alimentos, los recursos que sostienen economías locales, los conocimientos tradicionales y buena parte de la identidad de los territorios tienen un vínculo directo con los ecosistemas que los hacen posibles.

Desde esa perspectiva trabaja Ruth Delgado, bióloga y M.Sc. en Desarrollo Sostenible, quien durante más de dos décadas ha desarrollado su trayectoria alrededor de la conservación, el uso sostenible de la biodiversidad y la construcción de cadenas de valor. Actualmente es Gerente del Programa de Cadenas de Valor de la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN), organización boliviana de la sociedad civil que desde 1989 trabaja por la conservación del patrimonio natural y la promoción de caminos innovadores de desarrollo integral y sustentable.

Su trabajo parte de una premisa concreta: conservar la naturaleza no significa únicamente proteger espacios naturales, sino también generar condiciones para que las personas que viven en esos territorios encuentren oportunidades compatibles con su conservación.

Del bosque a una cadena de valor

El desafío comienza cuando un producto de la biodiversidad deja de ser visto únicamente como un recurso y empieza a entenderse como parte de un sistema mucho más amplio.

Desde el Programa de Cadenas de Valor de FAN, Delgado trabaja con iniciativas vinculadas a productos del bosque en la Chiquitanía y la Amazonía boliviana. La labor comprende distintas etapas: investigación aplicada, aprovechamiento sostenible, fortalecimiento de organizaciones productivas, transformación, desarrollo de productos, acceso a mercados y articulación entre comunidades, empresas, gastronomía, instituciones públicas, academia y otros actores.

La lógica es construir cadenas capaces de generar valor sin desvincularse de los territorios de origen.

En la Chiquitanía, por ejemplo, se trabaja con productos como almendra chiquitana, totaí, motacú, copaibo y pesoé. En la Amazonía, iniciativas relacionadas con castaña, asaí y otros productos forestales forman parte de procesos vinculados con medios de vida y gestión territorial.

El resultado buscado no es solamente colocar un producto en el mercado. También implica fortalecer las capacidades de quienes lo recolectan, transforman o comercializan, mejorar procesos y generar relaciones que permitan que una mayor parte del valor permanezca en los territorios.

Una trayectoria construida entre ciencia y territorio

La experiencia de Delgado se ha desarrollado precisamente en la intersección entre conocimiento científico, gestión y realidad territorial.

Sus primeros años profesionales estuvieron vinculados a la investigación sobre gestión sostenible del suelo en el Parque Nacional Cotapata, para posteriormente incorporarse a FAN y al Programa Nacional de Biocomercio Sostenible. Entre 2008 y 2011 se desempeñó como Jefe de Unidad de Cadenas de Valor, desarrollando estrategias para recursos agrícolas y silvestres junto a comunidades, productores, empresas, comerciantes y gobiernos locales.

En 2011 inició una nueva etapa de formación internacional con una maestría en Desarrollo Sostenible en Utrecht University, con énfasis en Cambio Climático y Ecosistemas y formación complementaria en Emprendedurismo e Innovación Sostenible. Su investigación abordó la resiliencia socioecológica relacionada con el aprovechamiento del asaí en una comunidad indígena.

Después de distintas experiencias vinculadas con gestión empresarial, bosques y proyectos de desarrollo sostenible, retomó con mayor fuerza el trabajo en cadenas de valor. Desde 2017 gerencia proyectos relacionados con esta área y, desde 2024, lidera el Programa de Cadenas de Valor de FAN.

Más que una sucesión de cargos, esta trayectoria refleja una evolución hacia una mirada integral: comprender la biodiversidad, pero también entender qué ocurre cuando ese conocimiento entra en contacto con las comunidades, la producción y el mercado.

Cuando la gastronomía se convierte en un puente

Uno de los caminos que ha cobrado relevancia en los últimos años es la gastronomía.

Ingredientes provenientes del bosque pueden permanecer desconocidos para gran parte de la población urbana si no existen espacios que permitan descubrirlos, comprender su origen y explorar nuevas formas de utilizarlos. Por ello, FAN ha incorporado a chefs, restaurantes, escuelas gastronómicas y otros actores del sector en iniciativas orientadas a desarrollar usos, propuestas culinarias y espacios de divulgación.

Experiencias como Sabores con Raíz, junto con laboratorios culinarios, recetarios y degustaciones, buscan acercar los productos del bosque a nuevos públicos.

Aquí la gastronomía cumple una función que va más allá del plato. Puede convertirse en una herramienta para contar historias sobre biodiversidad, territorio y conocimiento local; pero también en un espacio para generar demanda responsable y abrir oportunidades para quienes participan en las cadenas productivas.

Un ingrediente puede ser, en ese sentido, el punto de encuentro entre un bosque, una comunidad, un emprendedor, un chef y un consumidor.

Innovar también significa conectar

En este modelo, la innovación no necesariamente depende de incorporar tecnología sofisticada. Puede aparecer en distintos momentos de la cadena: en una nueva forma de transformar un producto, en la investigación de un uso diferente, en una mejora de calidad, en una alianza comercial o incluso en una manera distinta de comunicar el valor de un recurso natural.

Esa visión resulta especialmente relevante para una economía basada en biodiversidad.

El conocimiento científico permite comprender las especies, sus características y las condiciones necesarias para un aprovechamiento sostenible. El conocimiento local aporta experiencia acumulada sobre los territorios y sus recursos. Las organizaciones productivas conocen las dinámicas de la producción. Las empresas y los mercados identifican oportunidades. La gastronomía puede abrir nuevos usos. La comunicación puede acercar todo ese conocimiento a la sociedad.

El verdadero desafío está en conseguir que esas piezas dialoguen.

Para Delgado, ahí existe una de las principales oportunidades de Bolivia: convertir su extraordinaria diversidad natural y cultural en una fuente de oportunidades económicas sin reducirla únicamente a una materia prima.

El bienestar también se construye conservando

La conexión con el bienestar aparece precisamente en este punto.

Los bosques no solamente representan patrimonio natural. También están vinculados con alimentos, medios de vida, identidad cultural y conocimiento. Para numerosas familias de la Amazonía y la Chiquitanía, los productos del bosque forman parte de sus actividades económicas y de su relación cotidiana con el territorio.

Fortalecer estas cadenas puede contribuir a diversificar oportunidades, mejorar capacidades organizativas y ampliar los espacios de comercialización, al mismo tiempo que se promueven prácticas compatibles con la conservación.

Existe además una dimensión social. Mujeres y jóvenes participan en diferentes eslabones de estas actividades, y fortalecer sus capacidades y oportunidades puede contribuir a construir economías locales con mayor resiliencia.

Por eso, el concepto de bienestar puede ampliarse. No se trata únicamente de cómo viven las personas en el presente, sino también de qué condiciones estamos construyendo para que puedan vivir bien en el futuro.

Una economía que valore lo que conserva

El siguiente desafío es consolidar cadenas de valor capaces de crecer sin perder su vínculo con la conservación.

Esto requiere organizaciones productivas fortalecidas, mejores procesos de transformación y calidad, conocimiento sobre los recursos, mercados responsables y relaciones comerciales más estables. También demanda consumidores capaces de reconocer que detrás de un producto existe una historia de territorio, trabajo y biodiversidad.

La visión que impulsa Delgado apunta precisamente hacia esa conexión: que más productos del bosque puedan incorporarse responsablemente a la economía boliviana y que su valor no se mida solamente por lo que ocurre después de llegar al mercado, sino también por lo que ocurre en el territorio de origen.

Su trayectoria plantea así una reflexión que encaja naturalmente con una edición dedicada a la salud y el bienestar: una sociedad difícilmente puede hablar de bienestar si permanece desconectada de los ecosistemas que sostienen su alimentación, sus economías y su calidad de vida.

Desde FAN, el desafío consiste en demostrar que conservación y desarrollo no tienen por qué caminar en direcciones opuestas. Cuando el conocimiento, la innovación, las comunidades y los mercados logran encontrarse, la biodiversidad puede convertirse en una oportunidad para construir una economía más consciente de su origen y de su futuro.

Y en ese proceso, conservar deja de ser solamente proteger lo que existe. También significa crear las condiciones para que la naturaleza continúe generando valor para las próximas generaciones.

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