
Unifranz: La única universidad boliviana en el ranking de Cultura Innovadora de Great Place to Work
La Universidad Privada Franz Tamayo (Unifranz) se convirtió en la única universidad boliviana reconocida en el ranking Cultura Innovadora 2026 de Great Place to Work. Su ingreso al top 10 revela una apuesta que va más allá de la tecnología: construir una cultura donde las personas tengan la confianza y el espacio para impulsar el cambio.
En un escenario donde la innovación dejó de ser un concepto reservado para laboratorios tecnológicos y startups, las organizaciones enfrentan un desafío más profundo: crear culturas capaces de innovar de manera permanente.
Ese es precisamente uno de los elementos que distingue a Unifranz tras su incorporación al top 10 de organizaciones reconocidas por su cultura innovadora en Bolivia, según Great Place to Work. La institución se posicionó como la única universidad boliviana presente en este ranking, convirtiendo el reconocimiento en un indicador de una transformación que ocurre tanto dentro de sus equipos como en su propuesta educativa.
Para Pablo Ardaya, director nacional de Capital Humano de Unifranz, el factor determinante está en una premisa concreta: confiar en las personas.
“El principal cambio y elemento es el hecho de confiar en los colaboradores como protagonistas de nuestro propósito, que es transformar la educación en Bolivia”.
La afirmación resume una visión en la que la innovación no depende exclusivamente de un departamento, una herramienta tecnológica o un proyecto específico. Se construye cuando las personas tienen la posibilidad de participar, proponer y transformar.
De la innovación como proyecto a la innovación como cultura
La evolución de las organizaciones ha cambiado también la manera de entender la innovación. Incorporar tecnología puede modernizar un proceso; sin embargo, una cultura innovadora requiere que las personas estén dispuestas a cuestionar lo establecido y encontrar nuevas formas de hacer las cosas.
En Unifranz, esta lógica atraviesa diferentes áreas de la institución. Docentes, administrativos y equipos académicos participan en proyectos y procesos orientados a mejorar la experiencia universitaria.
“Todos participamos de alguna manera en los proyectos y procesos de la universidad. Permanentemente estamos innovando, incorporando tecnología y descubriendo nuevas formas de hacer las cosas”, explica Ardaya.
El enfoque convierte la innovación en una práctica transversal. La posibilidad de plantear ideas, experimentar y revisar procesos busca generar una organización con mayor capacidad de respuesta frente a un entorno educativo y laboral que cambia con rapidez.
La apuesta es relevante porque la transformación organizacional no comienza necesariamente con una nueva tecnología, sino con una nueva manera de trabajar.
Cuando la cultura organizacional llega al aula
El reconocimiento de Great Place to Work está vinculado con la cultura de la organización, pero para Unifranz su verdadero impacto se mide fuera de las oficinas: en la experiencia de sus estudiantes.
Su modelo educativo transformador coloca al estudiante en el centro del proceso de aprendizaje. Desde esa perspectiva, las decisiones relacionadas con tecnología, metodologías, capacitación y procesos tienen un objetivo común: generar una experiencia educativa capaz de responder a las necesidades de una sociedad en permanente evolución.
“Todo lo que hacemos tiene sentido en tanto esté orientado a lograr una experiencia transformadora para nuestros estudiantes”, señala Ardaya.
Esto implica entender la innovación educativa más allá de la digitalización. No se trata únicamente de incorporar nuevas plataformas o herramientas, sino de generar espacios donde los estudiantes puedan descubrir, experimentar y aplicar conocimientos en situaciones reales.
Así, la cultura interna se convierte en un componente estratégico de la experiencia educativa. Una organización que estimula nuevas ideas entre sus colaboradores crea, a su vez, mejores condiciones para repensar lo que sucede en las aulas.
Adaptabilidad: la nueva ventaja competitiva
El mercado laboral está modificando sus demandas a una velocidad que obliga a las instituciones educativas a mantenerse en constante evolución. Nuevas tecnologías, cambios en las profesiones y nuevas expectativas de los estudiantes plantean un escenario en el que permanecer estático representa un riesgo.
Para Ardaya, la adaptabilidad es una condición indispensable para sostener una cultura innovadora.
“Quienes no estén preparados para abrazar estos cambios comenzarán a quedarse atrás. La adaptabilidad al uso de la tecnología y a las necesidades del entorno es una condición indispensable para innovar”.
La adaptación, sin embargo, no significa únicamente aprender a utilizar nuevas herramientas. También supone replantear procesos, actualizar competencias y desarrollar la capacidad de responder ante escenarios que todavía no existen.
En ese sentido, la innovación se convierte en una capacidad organizacional: la posibilidad de aprender rápidamente y convertir ese aprendizaje en acción.
El valor estratégico de equivocarse
Uno de los mayores desafíos para cualquier organización que busca innovar es construir espacios donde las personas puedan experimentar sin que el error se convierta automáticamente en un fracaso.
Para Unifranz, la cultura innovadora también implica generar condiciones para que los colaboradores se atrevan a probar nuevas ideas, asumir riesgos y aprender de los resultados.
“No se trata de llegar a una meta, sino de construir procesos que se reinventen constantemente y permitan que las personas se atrevan a innovar”, sostiene Ardaya.
Esta perspectiva plantea una diferencia importante: innovar no significa acertar siempre, sino crear organizaciones capaces de aprender de manera continua.
Por ello, la actualización profesional, el desarrollo de nuevas competencias y la apertura a nuevas formas de trabajo forman parte de una estrategia orientada a que la innovación no dependa de momentos específicos, sino que se incorpore a la dinámica cotidiana.
Personas que convierten ideas en resultados
Detrás de cualquier transformación tecnológica existe una transformación humana. La tecnología puede acelerar procesos, pero son las personas quienes identifican problemas, plantean soluciones y convierten las ideas en resultados.
En Unifranz, esa participación está vinculada con un propósito institucional concreto: transformar la educación en Bolivia.
Cuando docentes, administrativos y equipos académicos perciben que sus aportes tienen un impacto tangible, la innovación deja de ser una instrucción corporativa y comienza a convertirse en parte de la identidad de la organización.
“Las personas encuentran satisfacción cuando ven que son protagonistas del cambio y que sus ideas se convierten en realidades”, concluye el jefe nacional de Capital Humano.
El reconocimiento de Great Place to Work, por tanto, representa más que una posición dentro de un ranking. Para Unifranz, funciona como un indicador de un modelo que busca conectar confianza, participación, tecnología y propósito.
En una industria educativa que enfrenta cambios acelerados, esa combinación puede convertirse en una ventaja estratégica: no solo adaptarse a la transformación, sino desarrollar una organización preparada para impulsarla.
Porque en la economía de la innovación, las herramientas pueden cambiar rápidamente. La verdadera diferencia está en construir una cultura capaz de seguir creando cuando esas herramientas cambian.