
ICAM conmemora 25 años de “Hecho en Bolivia”: La campaña que convirtió el consumo nacional en un símbolo empresarial
Desde su creación en 2001, el sello “Hecho en Bolivia – Consume lo Nuestro – Emplea a los Nuestros” evolucionó de una iniciativa empresarial para promover la producción nacional a convertirse en uno de los principales emblemas de identidad y desarrollo productivo del país. En su aniversario 25, ICAM rindió homenaje a su creador y planteó un nuevo desafío: fortalecer la competitividad del ecosistema empresarial boliviano.
Cochabamba, agosto de 2026. — Hace 25 años, en un contexto económico desafiante, un grupo de empresarios decidió apostar por una idea sencilla, pero con una ambición mayor: que elegir productos y servicios bolivianos también significara respaldar a las empresas, los trabajadores y las familias que construyen actividad económica en el país.
Así nació, el 3 de agosto de 2001, la campaña “Hecho en Bolivia – Consume lo Nuestro – Emplea a los Nuestros”, impulsada desde la entonces Cámara Departamental de Industria de Cochabamba, hoy Cámara de Industria, Comercio y Servicios de Cochabamba (ICAM).
Un cuarto de siglo después, aquella iniciativa continúa vigente y se ha transformado en una plataforma que identifica no solo productos manufacturados, sino también servicios, gastronomía, turismo, industrias creativas y emprendimientos vinculados a la generación de empleo formal.
La ICAM conmemoró los 25 años de la campaña con un acto que reunió a autoridades nacionales, departamentales y municipales, representantes del empresariado y actores del sector productivo.
De una iniciativa empresarial a un símbolo de identidad nacional
Durante la ceremonia, el gerente general de ICAM, Alberto Arze, recordó que la campaña nació de la visión de empresarios que buscaban fortalecer la producción nacional y generar una mayor valoración de los bienes y servicios desarrollados en Bolivia.
La permanencia del sello durante 25 años demuestra que la iniciativa logró trascender diferentes coyunturas económicas y consolidarse como una de las campañas empresariales de mayor trayectoria en Bolivia.
Para Wildo Dolz, presidente de ICAM, el significado del sello también evolucionó.
Lo que comenzó como una iniciativa para promover la industria nacional se convirtió, con el tiempo, en un símbolo asociado a confianza, identidad, competitividad y orgullo nacional.
En esa transformación existe una lectura relevante para el ecosistema emprendedor: hoy el valor de “Hecho en Bolivia” no se limita al origen de un producto. También representa la posibilidad de reconocer el trabajo detrás de cada empresa.
Una decisión de compra puede significar ingresos para un negocio, continuidad para una cadena de proveedores y nuevas oportunidades para quienes forman parte de ella.
El desafío: fortalecer la competitividad empresarial
La celebración también permitió poner sobre la mesa los desafíos que enfrenta actualmente el sector productivo boliviano.
Durante su intervención, Dolz destacó la importancia de generar condiciones que permitan a las empresas formales desarrollarse, invertir, innovar y competir de manera sostenible.
En este escenario, fortalecer el entorno empresarial requiere avanzar en aspectos como la seguridad jurídica, la productividad, el acceso a mercados, la innovación y la generación de condiciones favorables para la inversión.
El presidente de ICAM también manifestó preocupación por los efectos de los recientes bloqueos registrados en el país, debido a su impacto sobre el abastecimiento, el derecho al trabajo y la continuidad de las actividades productivas.
El mensaje empresarial apunta, en este sentido, hacia un objetivo común: construir un entorno que permita a las empresas crecer, generar empleo y aportar de manera sostenida al desarrollo económico de Bolivia.
Javier Artero: el empresario detrás de la idea
Uno de los momentos centrales de la conmemoración fue el homenaje póstumo a Javier Artero Pereira, reconocido como impulsor del sello “Hecho en Bolivia” y presidente de la entonces Cámara Departamental de Industria cuando nació la campaña.
La distinción fue recibida por su esposa, Verónica Arze, y su hija, Rebeca Artero.
La intervención de su hija convirtió el aniversario institucional en una historia familiar.
Artero recordó que tenía apenas ocho años cuando su padre lanzó la iniciativa y señaló que, desde la perspectiva adulta, le habría gustado conversar con él para comprender plenamente la dimensión de un proyecto que terminó marcando la manera en que Bolivia identifica y valora su producción.
Su reflexión puso el foco en algo que suele quedar fuera de las estadísticas empresariales: detrás de cada producto existen personas.
Trabajadores. Familias. Conocimiento. Inversión. Riesgo. Años de esfuerzo.
Y, sobre todo, una decisión empresarial de continuar apostando por producir y generar oportunidades en Bolivia.
“Hecho en Bolivia nunca fue solamente una frase o una campaña publicitaria. Fue la expresión de un profundo amor por su país y de una convicción que él había construido a lo largo de su vida”.
La frase resumió el espíritu del homenaje y conectó el legado de su creador con el desafío de las nuevas generaciones de empresarios.
Una marca que amplió su territorio
Uno de los cambios más significativos de estos 25 años es el alcance que adquirió el concepto.
El sello dejó de estar asociado exclusivamente a la industria manufacturera y hoy puede representar a servicios, gastronomía, turismo, industrias creativas y emprendimientos que forman parte de la economía formal.
Esa expansión resulta especialmente relevante para el ecosistema emprendedor boliviano.
En un escenario donde pequeños negocios, startups y empresas emergentes buscan construir marcas competitivas, la identidad de origen puede convertirse en un activo de diferenciación.
“Hecho en Bolivia” deja así de ser únicamente una etiqueta de procedencia para convertirse en una narrativa alrededor de calidad, identidad, innovación y generación de oportunidades.
25 años después, el reto es convertir identidad en competitividad
La conmemoración de ICAM no solo miró hacia atrás.
También planteó una pregunta hacia adelante: ¿cómo hacer que elegir productos y servicios nacionales sea una decisión cada vez más competitiva y sostenible?
El desafío implica más que invitar a los consumidores a elegir lo producido en Bolivia.
Requiere empresas capaces de innovar, mejorar su productividad, elevar estándares de calidad, desarrollar marcas sólidas y competir por medio de propuestas de valor diferenciadas. También demanda condiciones que faciliten el crecimiento empresarial y permitan que la inversión continúe generando empleo.
En ese contexto, los 25 años de “Hecho en Bolivia” funcionan como un punto de inflexión.
La campaña nació con el propósito de fortalecer la producción nacional en un momento económico complejo. Hoy, su siguiente etapa puede consistir en demostrar que lo producido en Bolivia puede competir por calidad, innovación, confianza y valor.
El respaldo institucional
La vigencia del sello quedó reflejada también en los reconocimientos entregados durante la ceremonia.
ICAM recibió distinciones de instituciones empresariales, académicas y públicas, entre ellas la Confederación de Empresarios Privados de Bolivia (CEPB), la Universidad Privada Boliviana (UPB), FABOCE, la Asociación de Mujeres Empresarias y Profesionales de Cochabamba (AMEP), la Brigada Parlamentaria de Cochabamba, la Comisión de Política Social de la Cámara de Diputados, la Gobernación de Cochabamba, la Asamblea Legislativa Departamental, la Cámara de Diputados y la Cámara de Senadores.
Uno de los reconocimientos más relevantes llegó del Gobierno Autónomo Municipal de Cochabamba, que otorgó a ICAM la Condecoración “Orden Sol de Septiembre”, en la categoría Escudo de Oro, por la creación, promoción y defensa del sello.
El próximo capítulo
Después de 25 años, “Hecho en Bolivia” ya forma parte del lenguaje empresarial del país.
Su historia comenzó como una iniciativa para fortalecer la valoración de la producción nacional y terminó convirtiéndose en un símbolo de identidad productiva.
Pero el contexto económico actual plantea un nuevo capítulo.
Para las empresas bolivianas, el reto ya no consiste únicamente en convencer al consumidor de elegir productos nacionales. Consiste en construir negocios capaces de ganarse esa elección todos los días.
Porque detrás de cada producto hecho en Bolivia hay mucho más que un origen: hay una empresa, un trabajador, una familia y una apuesta por el futuro económico del país.
Ese es, precisamente, el legado que ICAM busca mantener vivo 25 años después.



