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Deuda y cuasi equity: Una alternativa para cerrar el "financing gap" de las startups bolivianas

Por Álvaro Villarroel Valencia | Fund Manager de Escalatec

Durante años, el ecosistema emprendedor adoptó una idea que parecía incuestionable: para crecer, una startup debía levantar rondas de inversión de capital. Conseguir un fondo de venture capital se convirtió en el gran objetivo de cientos de empresas emergentes que buscaban escalar sus operaciones, expandirse y consolidarse en el mercado.

Sin embargo, el panorama latinoamericano está cambiando.

Hoy, incluso las startups más consolidadas de la región están demostrando que el crecimiento no depende exclusivamente del equity. Cada vez más compañías recurren a instrumentos financieros alternativos que les permiten fortalecer su operación, ampliar su capacidad de inversión y preservar la participación de sus fundadores.

Más que una tendencia pasajera, se trata de una evolución del mercado.

América Latina está diversificando la forma de financiar la innovación

Los datos más recientes de la Association for Private Capital Investment in Latin America (LAVCA) reflejan un cambio significativo en la estrategia financiera de las startups respaldadas por venture capital.

Empresas como CloudWalk, Plata, Kavak, Merama, Creditas, Clara, Aviva y Juvo han incorporado mecanismos como líneas de crédito, deuda estructurada, fideicomisos financieros (FIDCs), instrumentos convertibles y esquemas de cuasi equity para financiar su crecimiento, en algunos casos obteniendo recursos superiores a los 500 millones de dólares.

La razón es clara.

Desde 2022, el mercado de venture capital se ha vuelto considerablemente más selectivo. Las rondas de inversión son menos frecuentes, la liquidez disminuyó, las oportunidades de salida continúan siendo limitadas y los inversionistas privilegian modelos con mayor eficiencia financiera.

Como respuesta, las startups comenzaron a explorar estructuras que les permitan extender su runway, fortalecer su flujo de caja y reducir la dilución de sus accionistas.

La innovación financiera se ha convertido en una ventaja competitiva.

El desafío boliviano tiene un nombre: el «financing gap»

Si esta realidad ya representa un desafío para América Latina, en Bolivia adquiere una dimensión aún más compleja.

Las startups bolivianas suelen enfrentarse a un escenario donde las alternativas tradicionales de financiamiento simplemente no responden a sus necesidades.

Por un lado, la banca comercial exige garantías hipotecarias, historial financiero consolidado y estructuras patrimoniales que la mayoría de las empresas emergentes todavía no posee.

Por otro, los fondos regionales de venture capital suelen considerar que muchas startups nacionales aún no alcanzan el nivel de madurez necesario para recibir inversión.

La mayoría continúa operando principalmente dentro del mercado boliviano, aún no demuestra expansión internacional y, desde la perspectiva de los inversionistas, permanece expuesta a un riesgo país elevado.

El resultado es un vacío financiero que limita el crecimiento de empresas con alto potencial.

Es el llamado «financing gap», una zona donde muchas startups ya validaron su modelo de negocio, cuentan con clientes, generan ingresos e incluso producen flujo de caja positivo, pero todavía no cumplen las condiciones necesarias para acceder ni al crédito bancario tradicional ni a una ronda regional de venture capital.

Es, probablemente, uno de los mayores desafíos que enfrenta hoy el ecosistema emprendedor boliviano.

Bolivia necesita soluciones adaptadas a su realidad

Durante mucho tiempo, Silicon Valley fue el modelo que inspiró el desarrollo de startups en todo el mundo.

Pero replicar ese esquema de manera automática puede conducir a expectativas poco realistas.

El modelo basado exclusivamente en levantar capital, acelerar el crecimiento, consumir grandes cantidades de efectivo y esperar una salida multimillonaria funciona en mercados con alta liquidez, numerosos inversionistas y múltiples oportunidades de adquisición.

Bolivia presenta un contexto diferente.

Su mercado es más pequeño, la disponibilidad de capital es limitada y aún no cuenta con un historial consolidado de startups que hayan alcanzado rondas Serie A para posteriormente concretar grandes procesos de salida.

Por ello, insistir únicamente en el modelo tradicional puede dejar fuera del sistema a empresas con modelos sólidos y posibilidades reales de crecimiento.

La deuda y el cuasi equity: nuevas herramientas para crecer

Frente a este escenario, instrumentos como la deuda estructurada y el cuasi equity comienzan a posicionarse como alternativas capaces de cerrar la brecha de financiamiento existente.

Para los emprendedores representan la posibilidad de obtener capital sin ceder una participación significativa de su empresa, preservando el control del negocio mientras impulsan su crecimiento.

Para los inversionistas, estos mecanismos ofrecen estructuras más equilibradas, con mayor protección del capital invertido y esquemas de retorno alineados con la realidad financiera de startups que ya generan ingresos, aunque todavía no se encuentren preparadas para una gran ronda internacional.

No se trata de sustituir el venture capital.

Se trata de ampliar las opciones disponibles para que más empresas innovadoras puedan continuar creciendo.

Un ecosistema más fuerte requiere un mercado financiero más diverso

El futuro del emprendimiento boliviano dependerá, en buena medida, de su capacidad para construir instrumentos financieros que respondan a las características reales de su mercado.

Cerrar el «financing gap» implica dejar de pensar que solo existe una forma de financiar la innovación.

La evolución del ecosistema exige combinar capital de riesgo, deuda, instrumentos híbridos y nuevas estructuras que permitan acompañar el crecimiento de las startups en cada etapa de su desarrollo.

La experiencia latinoamericana demuestra que diversificar las fuentes de financiamiento no solo fortalece a las empresas; también hace más resiliente al ecosistema.

Bolivia tiene la oportunidad de avanzar en esa dirección.

Porque impulsar la innovación no depende únicamente de crear grandes ideas. También depende de construir los mecanismos financieros que permitan convertir esas ideas en empresas sostenibles y competitivas.

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